domingo, 29 de marzo de 2009

Juanes sin miedo

Al igual que el chiripitiperrifláutico cantautor, que no teme a presumir de la negrez de sus prendas de vestir, existen personas que afirman no tener, o no haber pasado miedo nunca jamás. Ni en las más alarmistas y críticas situaciones históricas. Ni cuando hicieron Selectividad. Ni en la parte esa del Doom 3 en la que casi no había luz (¿sabéis a cuál me refiero? Sí esa hombre...).


La retrospectiva para ellos supone no haber experimentado tembleques, implosiones cardíacas, en los momentos más tensos para el ser humano. Hoy quería hacer yo retrospectiva de uno de esos momentos, hay miles más, pero hay uno principal que por el circo mediático y ridícula farandula que se montó (análogamente a la actual crisis, fíjate tú), que por su bendita absurdez merece tener hueco en este blog. Dudo que podamos sentir nostalgia, como esos artículos relacionados con Stallone, Fangoria o “cuando Extremoduro eran buenos” (si es que llegaron alguna vez a serlo). Algunos sentirán verguencilla al sentirse identificado, otros, como los juanes sin miedo, negarán, una vez más, que pasaron más “incertidumbre” que meterse entre pecho y espalda una pack de 12 yogures bífidus caducadoes hace 4 meses (hablando en plata, cagarse de miedo).


Así que empecemos a la tradicional usanza: “¿Os acordáis de el Eclipse Apocalíptico de Nostradamus en el 11 de Agosto de 1999? ¿Eh,Os acordáis?


Aquel verano hubo mucho miedo sí, pero para equilibrarlo también hubo mucha risión. Mucho chistecito a lo “Nostrasladamus”, y cuando la tontería pasó, “Noslatragamus”. Pero ese verano, los blogs, los telediarios, y esas productoras que realizan aprisa y corriendo documentales “veraces” (de “verocidad”, como diría un japonás a lo “ingurishu”) con sus “expertos en Cualquiercosa” sobre “Cualquiercosa que se haya puesto de repente de moda”, con aquél suceso meteorológico Hicieron El Agosto, encima en el mes justo que corresponde a dicha expresión, así que debieron de tener un bonus extra.


Pero haciendo un ejercicio de sinceridad, cosa que para muchos es muy difícil de hacer, sobre todo después de aprobar unas oposiciones a funcionario, todos, y repito todos, y ese todos incluye cualquier bicho que respirase cualquier gas aquél día, sentimos escalofríos los días previos al día final. ¿Cuántos serían capaces de confesar que llamaron a sus familiares más allegados esos días? ¿Quién no pronunció un patético “Te quiero mucho mamá” la cena del día anterior? ¿Qué mujer dejó de repente de fingir-tener sinusitis para echar un último polvete apocalíptico?


No hace falta avergonzarse, las catastrofes acaban con las especies, pero las amenaza de catastrofes unen a las personas. Vale que siempre está el cabrón ese que en las películas da mucho asco y se intenta aprovechar del caos de las mujeres y de los centros comerciales que en lugar de paredes de hormigón tienen ecaparates de cristal, pero si os fijáis, sólo es uno o dos y se los identifican muy bien con esa barba de tres días y su cara de cabrón, el resto de personas se abrazan, se perdonan y se sollozan los unos a los otros.


El miedo tambien tiene su parte positiva y bonita (por algo pagamos 60 euros por el Silent Hill de turno, no somos tan tontos de pagar por algo que nos hace pasar penurias porque sí, por eso nadie admira a la SGAE), no hay por qué negarlo. Pero claro, aquí llega la inevitable frase que empieza por “siempre”: Siempre habrá gente insincera que, como juanes sin miedo que son, ni temen, ni deben. (Reconocerlo, se entiende).

1 comentario:

hibiki13 dijo...

Que buena entrada xDDD, joe no me reido ná xDDD. Y y cuando me pasé el Majoras Mask, en realidad era bastante tostonazo el juego a pesar de tratarse de un Zelda xDD