sábado, 9 de mayo de 2009

Cosas... (4) del Centro

Por el título de la presente entrada podría interpretarse que este blog se ha vuelto neutral en la infinita pugna del mundo de la política. Y aunque en este blog nos acojamos a todo lo que se aleje de la realidad...¡Nada más lejos de la realidad! Hoy, lector, aprenderás a qué dedican el tiempo y el esfuerzo en los institutos y escuelas públicas una vez al año, en el llamado Día del Centro. Día que se creó para que parezca que en esos lugares se hacen cosas útiles e interesantes (¡Nada más lejos de la realidad!). Las siguientes Cosas:

El Comercio Justo

El inmenso y espacioso hall principal de los institutos es el lugar en el cual se acaba montando toda la parafernalia del Día del Centro. Y una de ellas es el stand del Comercio Justo: un pedazo de mesa de despacho cubierta con un piojoso mantel en el que están colocados una reducida variedad de productos importados de países sudamericanos en su mayoría. Pensado para combatir el vil capitalismo, fruto de la mente del profesor bohemio y multiculural de turno (ése que se ha hecho el camino de Santiago con sus amigos perroflautas, que suele llevar collares exóticos que dañan la vista y los sextos sentidos, que tiene un pedazo de radiocassete para poner “Música del mundo” en los exámenes; en mi experiencia personal, la de educación física), el comercio justo consiste en inflar el precio de los infra-cosos esos para sacar benefico que será destinado a los más necesitados (entre los cuales se encuentran los de correos, porque esos productos venidos allende los mares no vienen nadando gratuitamente solos).

He aquí un somero catálogo, con más justicia que todas las temporadas en Blu-Guay de Ally McBeal:

-Barras de chocolate cuyo envoltorio recuerda a un periódico tras años de formar parte del suelo de una jaula de hamsters. El chocolate en cuestión representa lo dura que es la vida en el tercer mundo: los dientes que sobrevivan al primer bocado quedarán muy concienciados, a la par que asustados.

-Café molío. Por alguna razón, el café nunca se extingue por aquellos lares. ¿Por qué no deciden alimentase sólo de eso? A los funcionarios les funciona.

-Caramelos anónimos. En su envoltorio no encontrarás nombre alguno. Ni fecha de caducidad tampoco. La munición perfecta para el recreo.

-Cd recopilatorio de Músicas del Mundo. En la portada encontrarás a una señora con un pañuelo exótico en la cabeza sosteniendo un cesto de mimbre con frutos. Recursos y beneficios no tendrán por allí, pero estudios de grabación hay a patadas (Huecco y Manu Chao lo atestiguan).

Así que ya sabéis, acudid a vuestro centro más cercano a ser solidario, gastad muchos dineros en estos subproductos y no olvidéis poner esta frase del msn que leí hace poco a uno de mis contactos:

“Prefiero llenar mi espíritu de experiencias, que mi habitación de cosas”.

Eso sí, no se ha deshecho de su pc, ni de su conexión a internet. Ya decían algo del dualismo/hipocresía en no se cuál escena de La Chaqueta Metálica.

Las exhibiciones de los más guays

¿Te acuerdas del rapero de tu clase? ¿Y de la que se sabía todas las coregrafías de Bisbal? Pues todos esos energúmenos saltimbanquis tienen su momento de gloria en el Día del Centro. En cualquier rincón del hall, sobre una colchoneta o quitamiedos en miniatura, organizan cursos de baile que serán muy útiles para sacar al país de las crisis que lo asolan en el futuro. En fín, más inútiles que este blog.

Me gutaría redactar un post únicamente sobre otra de las variedades de estas exhibciones: el “Arospó”. Conocido como Acrosport por aquellos que no tuvieran una profesora de eduación física andaluza, este sucedáneo genérico de deporte consiste en hacer figuras con los cuerpos de los alumnos: una pirámide, un barco, una vela, un árbol. O por lo menos así te lo venden. Porque si apelamos a la sinceridad, se ven más cosas en el test de Roschach. Lo único divertido de presenciar la práctica de este deporte, son los grupos formados por jovencitas de prendas ajustadísimas y en época de crecimiento. Sí, es el deporte de las Attention Whores.
El Kamasutra Acrosport Version 6.9
Un coñazo

La decoración estancada

El departamento de Letras Puras, esto es, los profesores de historia, lengua y literatura y ética en comandita, es el encargado de construir el ambiente adecuado para fomentar los valores de compañerismo y buen rollo que caracterizan al Día del Centro. Y eso sólo puede conseguirse de una manera: empapelando las paredes del instituto con imaginería del Quijote.

En mi instituto homenajear al Quijote era el Pan de Cada Día del Dentro. En mis 5 años que me pasé en el instituto, me dió siempre la sensación de que todos los años era el centenario del Quijote. Algo así como lo de que siempre son las diez en Melee Island. Horripilante.

Actividades de relleno


“El flipado de los scalextrics” organiza carreras con su circuito de 500 euros. “El que sabe dibujar” un curso de cómo darle sombra con carboncillo (en definitiva, lo único que sabe hacer más allá del nivel estándar) o uno sobre dibujar manga, al que sólo acaban asistiendo dos. “El empollón” un campeonato de ajedrez, al que se apuntan todos los profesores de matemáticas, que no tienen nada que hacer ese Día. “El/la inmigrante” (esto debería ir sin comillas, por que son inmigrantes de verdad, no es un mote) les causa cáncer de piel a las tías a través de esos tatuajes tribales que se hacen con una especie de moco negro.

Yo era "el flipado del Quake" pero no pude organizar ningún Deathmatch, Lithium, Versus, Templay, etc. Los canis del Counter Strike me superaban en 100 a 1.

La actividad más inmunda: Cualquier cosa que salga de la perversa mente del profesor/a de Música

Es curiosa la figura del profesor de música. Un puesto de trabajo tan evidentemente prescindible sólo podía ser ocupado por seres de lo más insoportable. Su cometido en su trabajo, y en su vida, es el de llamar la atención todo lo que puedan, y arrastrar al mayor número de inocentes para que se apunten a sus más peregrinos proyectos. Le dedicaré un artículo más adelante, así que hoy sólo remarcaré una de las numerosas actividades que organizó para un año el Día del Centro (el único día en el cual practica algo parecido a la palabra “trabajo”. Remotamente parecido) el mongolo que me tocó soportar: interpretar todos los bailes de la película Grease en el escenario del Centro Cultural del pueblo. Delante de GENTE.

Yo fui el único de la clase que se negó a hacer tal actividad. Años más tarde abriría este blog. Cosa del destino, ¿a que sí?

2 comentarios:

Illuminatus dijo...

En mi instituto, por suerte, no tuvimos este tipo de eventos. Estando en el centro de Madrid (a quince minutos escasos de la Puerta del Sol) y uno de los dos centros de educación media con 150 años en la ciudad, éramos más rancios pero no teníamos tanta gilipollez. Pasé sin pena ni gloria pero, amigo, hoy se hacen buenos tiempos.

Insanus dijo...

“Prefiero llenar mi espíritu de experiencias, que mi habitación de cosas”.

Pero hombre, ese amigo tuyo merece un Premio Aidalai (una estatuilla con Nacho Cano haciendo el pino). jajjaja, cuando la gente se pone trascendental en el MSN es muy gracioso, sí.