sábado, 15 de agosto de 2009

Lesbipunk/Lesbotopía

Nuevo Yuripán, para que tus lesbijuegos estén mejor lubricados.
Ahora en Light, para cuidar tu figura.

Japón es un país en el cual las personas llevan los sombreros en los piés y las hamburguesas se comen a los hombres (¿o eso era Rand McNally? Bah da igual, esta coña no se entiende, como ya nadie ve los Simpsons...). Allí todo está al revés, y los conceptos que tienen obre algunas cosas difieren mucho de los nuestros. Así así, al azar, un ejemplo es la manera de entender la homosexualidad del sexo femenino.


Mientras que aquí entendemos lesbianismo y lesbianas, por folklore y criaturas mitológicas, allí por contra representan a dos mujeres amantes como unos auriculares: los dejas bien ordenados y separados en su sitio, y en cuanto los pierdes de vista, se dan revuelcos y acaban enredados de manera inexplicable, frotándose y restregándose.


En nuestra mitología la figura de lesbiana estándar es... bueno... un hombre fornido con un mal corte de pelo y un uniforme de forestal (sí, ese oficio tan desconocido). En el país de los habitantes que no miran, sino que “sospechan” (gracias Paz Padilla por estas gracias tan ingeniosas, cuando mueras todos te recordaremos), la lesbiana es una anoréxica que se ha puesto a dieta intensiva y que ha viajado en el tiempo a la época victoriana a comprarse la ropa*.


En resumen, una lesbiana occidental te puede tumbar de un soplamocos si se te ocurre mirar mal su barba producto de atentados bioquímicos hormonados, mientras que una lesbiana japonesa tiene tanta delicadeza y ternura que cada una tienen su propio sistema climático, el cual en los momentos de algidez dramático sentimental provoca una lluvia de pétalos de rosa, atardeceres y demás fenómenos de índole pastelosa.


A los japoneses les encanta el anime y esas cosas, así que historias sobre amoríos entre angelicales muchachitas están a la orden del día.


Lo mejor para que afloren los sentimientos entre los personajes de estos vericuetos bolleriles son los esenarios bien contextualizados. En ellos, antes de nada, la presencia masculina debe ser eliminada por completo, pero si es inevitable, siempre es posible relegarlos a un tercer plano como “señor mudo que conduce”, “señor mudo que atiende en una tienda” o “silueta negra o muda de MUY al fondo” (“¿qué es esa manchita del fondo, un moco o un señor encorvado?”, “Un moco evidentemente”). Hasta en los pesonajes relegados a segundo plano debe haber 100% feminidad, ergo, “tía que babea por las protas y no pilla en toda la serie”.


Instituciones. La clave está en las instituciones. Acompasadas de la coletilla “femenin@”. Así pues: “Colegio mayor femenino”, “Colegio de secundaria femenino”, “Campus universitario femenino”, “III Reich femenino”**, “Ayuntamiento femenino”, “Baño de señoras femenino”, “Piscina municipal femenina”, “Educación para la ciudadanía femenina femenina” (no, no está repetida la palabra), “Orfanato femenino”, “Etcétera femenino”... En estas series hasta los puntos suspensivos son femeninos. Todos esos son lugares cuya principal función es mantener a una considerable cantidad de féminas juntas en un mismo sitio durante muuuuucho tiempo. Huelga decir que en todos esos sitios la figura masculina es la que emprende las labores y los oficios más denigrantes y anónimos posibles. Yo estoy esperando con mucha impacienca un especial Dirty Jobs sobre las series anime de lesbianas.


Oh, he de hacer una rectificación por mi parte, fallo mío, mea culpa masculina: las mujeres protagonistas de estas series no se aman, sino que “se admiran mucho”. Pregúntadle a un fan de Maria-sama-ga-mite-ru (o abreviado a Marimite, por razones obvias. Es obvio que es un nombre ridículo aun sabiendo japonés). Te dirá:

-No son lesbianas amantes que chorrean fluidos cada vez que se miran a los ojos*, sino que lo suyo se acerca más al amor platónico***.

Las protas se admiran en secreto, escondiénose en las esquinas, sin que la persona a la que admiran mucho se enteren de que las admiran (y para que tampoco se enteren de que son unas mironas pervertidas, todo sea dicho). Todas se admiran mutuamente en la noche de navidad, en los miles de festivales que tienen los japoneses, admiran que su admirada se vaya con otra que admire mucho más (porque la admira mucho y sólo quiere lo mejor para ella)...


Una de las características de las femmmes lesbos “dominantes”, las que llevan las riendas en la relación en estas series, es llevar pelo corto. El pelo corto es un icono de salvajismo, agresividad, tiranía, poder, o lo que es lo mismo, hombría. Las “machas” de estas series, y en general, las malas, son las que llevan el pelo corto, como los hombres, pero es una comparación muy sutil y sin ningún tipo de mala sombra y acritud ¿eeeh? Tranquilos.


Sus métodos de comunicación también son muy peculiares, pues tiene hasta un código clave y todo. Por ejemplo, las lesbis de menor rango, cuando saludan a sus superioras les dicen: Gokigayyo, que quiere decir: “Yo soy gay también Goki”. Goki siginifca “Lesbiana Mayor”.****


La trama sigue el siguente esquema:

-Introducción: Las protagonistas se conocen y se empiezan a admirar desde el primer momento, un flechazo, admiración a primer vista.

-Nudo: Las protagonistas no se atreven a confesarse su admiración, así que se lían a realizar admirables vericuetos con otros personajes, formando muchos triángulos amorosos y demás elementos argumentales geométricos. Las protagonistas se sienten muy confusas sobre sus sentimientos (igual que yo con el campo semántico de la palabra admirar después de escribir todo esto).

-Desenlace: Toda la confusión se soluciona y las parejas se acaban formando. En la escena final, en el momento álgido, la pareja protagonista se morrea de forma muy intensiva (todo siempre desde la admiración, si piensas que es otra cosa es que eres un pajero).


¿Cuál es la moraleja de estas series? Que tanto la heterosexualidad y la homosexualidad son blasfemas, sucias, asquerosas, regpugnantes y feas. Que lo que hay que hacer es admirarse. Y ser femenino/a. Ale, admiráos.


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*Si tiene usted más de 40 años, añada las palabras “con ojos y bocas como platos, y pelo de colores psicodélicos, jajajajajajajajajajajajajajaj que me parto, okei-makei, hasta luego cocodrilo”.

**Feminazis, Aka os saluda. Sieg Evax Tampax Hail!

***No, el del Platón Pederasta no, sino el del Platón Gay. Lo cual es bastante redundante, así que el otaku en cuestión poco a variado el significado.

****Mentira.



4 comentarios:

hibiki13 dijo...

Jajajja otra garnadísima entrada, y la verdad es que llevas mucha razón en lo que dices... estos nipones... jajajaja.

Armabot dijo...

He! He! Yo soy más del género de mechas (no las del pelo, los robots), pero ello no me impide haber disfrutado de este artículo.

The Slayer dijo...

No se por que, pero tengo la extraña impresion de que has estado viendo Lucky Star hace poco. Inluso diria que la version de AU XD
Ya que estamos, y por eso de las excepciones que confirman la regla, echale un vistazo a Kannazuki No Miko. En esa el pringao de turno tambien se queda sin mojar, pero al menos tiene un mech con el que consolarse ;)

Insanus dijo...

Muy buena entrada.

Tanto como lesbianas barbudas aquí lo que tenemos es la variedad tardía y gorda. Descubren que le van las de su sexo cuando ya han pasado de la treintena y las lorzas desbordan,:S.