domingo, 2 de mayo de 2010

Los conciertos

Qué bien se lo pasan mis conocidos en los conciertos. Les encanta. ¡A Madrid, a Madrid! A ver a los Quienes-sean, y no me refiero a The Who. Con una periodicidad más o menos trimestral el grupito de amiguetes planea su viaje al detalle: buses, lugares donde planchar la oreja, garitos a los que acudir post concerto, y calcular el peso y tamaño que tendrán las maletas cuando tengan que transportar el aparejo de cuero, pinchos y costuras negras que supone la vestimenta adecuada para tales eventos. Exacto, mis amigos son heavys, rockerillos, metaleros o como sea que etiquete el buen lector. Y a mucha honra, o al menos eso es lo que dicen ellos.

Nunca les he acompañado, y nunca creo que vaya a asistir a una cosa así. Lo he pensado mucho y he llegado a la conclusión de que no tengo ni idea de qué es lo que tendría que hacer en un concierto, sea del estilo de música que sea. ¿Qué es lo que se hace en un concierto? Bailar no puede ser, ya que no existe ninguna pista de baile, sino que el meollo de los recintos es un suelo que hay que llenar de gente, pues una persona equivale a una entrada vendida, y si caben 6 en una baldosa, pues de puntillas sobre un pie si hace falta.

Me asombro al pensar en lo duro que tenía que ser ir a un concierto en “los viejos tiempos”*, cuando no existían las cámaras digitales enanas ni los móviles con sus fotitos. Menudo suplicio entre canción y canción. Ahora si el grupo quiere irse a la piscina municipal a darse un baño en mitad de concierto, pues sin problemas, que con la tecnología fotolog el público tiene para entretenerse él solito.

-Oye que estos ya llevan tres cuartos de hora sin salir al escenario.

-¡Da igual! Mira esta foto para el Facebook, que se la voy a enviar a mi prima ¿Crees que el corpiño gótico que me he puesto me empechuga mucho el canalillo?

Porque esa es otra, mis amigos no actualizan sus cuentas de redes sociales a menudo, porque eso es muy comercial y muy de modas asquerosas, pero cada vez que hay concierto, la actualización con su consecuente subida de fotos colapsa el tuenti. Si os va mal la herramienta, fijo que es porque Judas Priest o Tokyo Hotel o Mónica Naranjo han dado un concierto. Los tres a la vez, probablemente, sus fans tienen mucho en común, eso es evidente.

Lo de rozarme con gente desconocida de cualquier calibre ya lo experimento en el transporte público y por menos de un euro. La sensación de mareo del headbanging de los heavys o el contoneo de cualquier otro estilo lo producen los bamboleos del vehículo. También se ve a gente con pinta extraña. Si quieres pegar botes, no tienes más que esperar a pasar por encima de un quitamiedos o en su defecto una zona con baches. ¿La música? Pregrabada, como en muchos conciertos. ¡Ya está! Ir en autobús es básicamente como ir a un concierto, solo que con éxitos de KISS FM y sobre ruedas. Tras este razonamiento yo ya no veo nada de especial en ir a un concierto.

Yo no tenía nada en contra de los conciertos y la música en directo hasta que me sucedió algo mientras escuchaba un álbum de esos “Live in [city with a population of +10000]”:

En algún momento del disco, en un descanso de los guitarristas presupongo, el cantante y el batería tienen planeado algo especial. El segundo comienza a darle a su bombo hasta conseguir un ritmo simple. El primero se dedica a congeniar con el público:

Cantante -¡Muy bien gente! ¡Os quiero oír, eh! Venga allá vamos… ¡HEEEEE!

Gente – hee…

Cantante - ¡Venga, va! ¡Una vez más y bien en alto! ¡HEEEEEEEE!

Gente – HEEEEE…

Cantante - ¡HEY-HEY!

Gente - ¡HEY-HEY!

Cantante – ¡AAAH AAAh YEAaAAH!

Gente -¡AAAH AAAh YEAaAAH!

Cantante – Etcétera, etcétera

Gente - Etcétera, etcétera

Quizá con esto último me he pasado, pero el resto es totalmente verídico. Mis oídos no se lo creían en un principio, pero han sido testigos de situaciones similares en directos de toda clase de grupos y estilos. No conforme con lo frívolo que es el arte de la música en general, se ve que los artistas musicales también quieren que los berridos los pegue el público, a pesar de que el que paga por escuchar son estos últimos. Pero lo más cachondo de todo en mi opinión es como eso, esa situación, se produce sin más. El público se vuelve borrego, esclavo, sumisión total al que está al mando del micro. Miles de mentes pensantes individualistas funcionando, no, OBEDECIENDO, al unísono. “Oooooh! Aaaaaah! GabbaGabbaHeyHey!”. Como cobayas tras una buena dosis de Focusín. **

En los documentales históricos sobre el holocausto y el nazismo, historiadores y psicólogos no se aclaran con lo del odio irracional de millones de alemanes, cómo pudo ser posible que tantas personas actuaran de forma consciente bajo las órdenes de un pirado. Algunos hipotetizan sobre el carisma desmesurado del führer. Yo ya he encontrado la explicación, no hay nada más que ver lo análogo de los mítines que daba Herr Bigotín ante las masas hipnotizadas, repitiendo las consignas de los discursos del susodicho. Igualito que en un concierto musical.

Luego cuando en un foro, en un bar, en el recreo de un instituto, alguien proclama que su criterio musical es único y libre de doctrinas impuestas, y “que los demás no piensan por sí mismos”, la ironía se marca un multi-orgasmo.


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*”Los viejos tiempos”, jejeje, parezco un periodista de la Rolling Stone, ¿a que sí? Sólo me faltaba añadir aquello de “mejores”, pero no soy tan echao pa’lante.

** En relación a este asunto, conozco la siguiente leyenda urbana: Dicen que hay un grupo que llama “Cabrones” a grito pelado a sus fans. En pleno concierto, les insultan en sus putas caras y estos aplauden encantados henchidos de admiración. Menos mal que es sólo una leyenda, que estas cosas no pueden ser verdad…

5 comentarios:

Russianwhite dijo...

Actualización del señor AkaTsuko!

He echado en falta que comentaras algo sobre los festivales de música y sobre los amigos que quieren que vayas con ellos a toda costa a un concierto, aunque sepan que odias ese grupo de música o que no lo hayas escuchado jamás y no tengas la intención de hacerlo xD

José Viruete dijo...

Aunque puedo decir que nunca he hecho hacer a la gente lo del "eeeh aaah" es cierto que es asombroso el poder que se tiene en un escenario. La gente, eso sí, o viene medio convencida de casa o les convences tú haciendo que lo pase bien. Y cualquier gracia que digas se multiplica x100, yo he llegado a pensar "pero que gilipolleces que digo y la peña descojonándosd".

Illuminatus dijo...

La comparación con el autobús es de lo mejor que he visto en mucho tiempo. Además, va sobre ruedas, eso es mucho más cañero, dónde va a parar. Eh, tendría que montar un grupo para dar conciertos en autobús, saldría mucho mejor de coste y sería algo espectacular.

key dijo...

Que vas a hacer, pues dar saltitos y golpear cariñosamente a los amigos/as con la botellita de agua en el cráneo, como si en la disco estuvieras. Así es como bailamos los chicos ¿no?.

Hay conciertos rock/pop en auditorios con la gente sentada y se lo pasan bomba, no me refiero a Murcia que hermosa eres, youtubee por The Divine Comedy - Becoming more like Alfie

AkaTsuko dijo...

Illu lo de crear una banda exclusiva para el transporte público es una buena excusa para ir disrazado de Sting. Y no hace falta ser músico, con mover la boca como un pez y con la radio de fondo ya lo tienes todo montado.

Mi banda particular sería de black metal y tocariamos en el Búho. Y nos llamaríamos "Nocturnal Owl".Ostia, qué grande.


(espero que en todas las ciudades al bus de por la noche lo llamen también búho, que si no qué pena de gracia)