sábado, 7 de agosto de 2010

Ese que dibuja bien

A lo largo de los años de mi periodo de formación, entiéndase la que comprende la educación escolar y posteriores, siempre me ha ido acompañando una figura tópica que quiero comentar: “El que dibujaba bien”. No sabría decir si es un tipo de persona (como el tradicional profesor de historia viejo y naftalino) o un rasgo particular que se colocaba por causas del azar sociológico (ej. Motes como “la guarra”, o “el chorizo”), pero el caso es que era un elemento fijo dentro del status quo de cada curso. Ni faltaba la persona que dibujaba bien, ni el homenaje anual al Quijote. Al pasar los años el sistema de las clases cambiaba, y lo mismo sucedía con las características del individuo, cómo se daban a conocer sus supuestas habilidades con el dibujo, el criterio que seguían los demás para reconocerlo, etc.

La primera etapa supone la educación primaria, de los 5 a los 11 años aprox, de primero a sexto de educación primaria obligatoria. [Información burocrática: En mi colegio se dividían las generaciones por su apellido, así pertenecía yo al grupo A, y el número de mis congéneres dio para 2 grupos más, B y C. En aquél periodo temporal de 6 años los alumnos que formábamos los grupos no cambiábamos, ni nos mezclaron con otros grupos como sí ocurre en años posteriores. Si hubo algún cambio fue por temas de traslado de la familia de algún alumno. Dejo esto claro porque según tengo entendido hoy en día los educadores más modernitos se llenan la boca con palabras como “diversidad”, “globalización”, “compañerismo” para mezclar a los alumnos cada dos por tres. Vamos, que se aburren y juegan a los experimentos psicológicos.] La asignatura de educación plástica es el caldo de cultivo para que brote el susodicho dibujante, ya que las órdenes que da el maestro no iban más allá de dibujar algún paisaje con algunos elementos, animales, juguetes, y en raras ocasiones se realizaban trabajos manuales, ya fuera por falta de presupuestos del colegio, por medidas para controlar mejor a los infantes, o a saber. El libraco de plástica, que se colocaba en sentido horizontal, tenía muchas hojas de actividades con su correspondiente par para experimentar, pero en mi caso se utilizaban para dibujar una y otra vez, tal y como dictaba “la seño” que tocara.

En fin, el que dibuja bien en esta etapa no llama tanto la atención como en posteriores: en esos años no pasa de ser un niño que tiene mejor pulso que los demás, mayor paciencia para no acabar saliéndose de los bordes al colorear y para añadir algún detalle que los demás pasan por alto. Los halagos los suele recibir por parte del profesor únicamente, que aprovecha la sutil habilidad del niño para tener algo que comentar a los correspondientes padres en alguna reunión con ellos. En estos casos salen a relucir los aires de ojeador deportivo del maestro, quizá en un vano intento de ser el descubridor de un gran genio, al modo de los profesores infelices de Descubriendo a Forrester o El indomable Will Hunting, o como aquellos ojeadores tan sospechosos de Campeones: Oliver y Benji (yo no me fiaba de ellos, espiando con prismáticos a los chavales, blegh). Es posible que años después, tras haber dado clases a un genio, cuando éste triunfe, el maestro se vea recompensado mediante alguna fugaz entrevista en Gente o en España enturecto: “Oh sí, era un niño muy tranquilo, yo le apoyé siempre, sabía que llegaría lejos”, henchido de una sobredosis de orgullo.

En los últimos años de esa etapa ya salen a relucir los comentarios de los compañeros alabando los dibujos del que dibuje bien. Pero todavía son pocos, lo más común es que salgan de boca de alguna niña. Antes es probable que no, pero en los últimos cursos me imagino al ídem practicando de vez en cuando por la tarde dibujando apoyado sobre el cristal de una mesa en el salón, mientras su madre ve la telenovela. Por cierto, si queréis saber si unos padres animan a su hijo para que practique el dibujo sólo hay que fijarse en la cajita de cariocas que lleve al cole: de 10 colores para abajo, poco interés en gastarse los cuartos.

Es en la ESO cuando realmente se descubre la pose de dibujante. En mi caso, todos los profesores de Plástica se entusiasmaban con los proyectos de manualidades, y se dedicaban a machacarnos con trabajos manuales bastante aburridos que para lo único que valían era, no para inculcar la idea de que la creatividad es importante ni fomentarla, sino para dejarnos claro que para realizar algo hay que desembolsar pasta en materiales que luego, si la creatividad no la tienes “de fábrica”, van a acabar en la basura (yo todavía tengo como unos 1500 Din A3 sin usar, de paquetes que tuve que comprar obligatoriamente). Así pues, parece que las oportunidades del dibujante de dar rienda suelta a su don se ven mermadas, pero nada más lejos de la realidad: las horas muertas de Ética, la tutoría semanal, las bajas por enfermedad de algún profesor o el embarazo de alguna profesora, las horas muertas (pero sacrosantas) de Religión, el profesor pardillo que va de enrollado y que da media hora de clase y el resto a invertirlo en cachondeo. En todas esas horas yo veía como se manifestaban los diferentes tipos que dibujaban bien que conocí.

La adolescencia es un fenómeno que sirve para acomplejar (en el buen y mal sentido de la palabra) a las personas, y se ve que ello también afecta al modus operandi del dibujante: sus dibujos y sus relaciones con los demás se hacen más complejos. Su técnica evoluciona: las sombras pasan de ser charcos negros en el suelo a convertirse en manchones raros deformes inclinados a los pies de sus personajes. Y eso es todo. No se puede hablar de más, ya que de los numerosos dibujos que me enseñaron estos proto-individuos no había nada más. Ni escenarios, ni acción, ni vehículos, ni edificios, ni fondo, ni contraste de iluminación, ni casi colores. No contaban historias ni situaciones emocionantes, eran simples muñecos posando de frente. Yo me imagino que se daban cuenta de que la peña flipaba únicamente con los detalles y el sombreado, así que pasaban rápidamente al siguiente personaje a dibujar en lugar de desperdiciar horas de esfuerzo en colorear y colocar a sus personajes en algún lugar. Me pongo un poco triste al pensar en todos esos personajes flotando en aquellos limbos blancos y vacíos, pero luego pienso en aquel espacio de Matrix que le daba a Neo un montón de divertidas armas de fuego y se me pasa.

Sobre los personajes que se llegan a dibujar, el 90% se resume en luchadores bárbaros con espadas y guerreros con tetas. Sí, he puesto eso en masculino a posta ya que no puedo faltar a la verdad: el pelo largo y dos circunferencias a la altura del sobaco no me sirven para identificar a una mujer. Las proporciones, las caras y el resto de la anatomía no se diferenciaba en los pretendidos sexos de sus héroes medievales (en serio, sólo dibujan gente con armas blancas). Si alguien tiene alguna duda sobre esto que se vaya a Deviant Art o a alguna página parecida para subir dibujos e ilustraciones. Elfos con arcos, mujeres con orejas de gato con enormes espadones, paladines de brillante armadura. Por desgracia, el photoshop proporciona efectos chulos, no ideas.

El 10% restante lo conforman peticiones por parte de los admiradores compañeros de clase: Aquellos que formaran parte de alguna tribu urbana pedían calcos de portadas de discos (los dragones de Rhapsody, las portadas de coña de algún grupo punk rockero, duendes y pollas ya sabéis de quién, etc) o lo propio con los zorrones que dibujan Luis Royo y Victoria Francés (seudónimos de una misma persona, ¡fijo!). Los dibujos por encargo servían para alimentar la vanidad y la soberbia, y para que la llama de la atención nunca se extinguiera.

No he querido mentar el tema de los otakus. Seguramente ya conozcáis alguna historia de algún flipado del manga dedicado a dibujar mil y un gokus, o en el caso de ser tía, Inuyashas, para decorar sus carpetas. Pero para mí no son merecedores del título honorifico de “el que dibuja bien”. Simples otakus, no hay más donde rascar y son un tema aparte. Mira que me gusta embadurnar mis posts de generalizaciones, pero a favor de los que dibujan bien tengo que decir que no todos son frikis de algo, ni mucho menos.

Quiero volver al tema del sombreado de músculos, objetos, ropajes, etc, ya que es un elemento clave para identificar al ínclito personaje protagonista de esta entrada. Hay un utensilio que es imprescindible para ser uno que dibuja bien. Es una herramienta que empuña cual Excalibur, y que al igual que la espada artúrica, también proviene del suelo: EL CARBONCILLO. Esos pedazos de piedra negruzcos son el prisma en el cual se sustenta la supuesta superioridad técnica de los que dibujan bien. Todos a los que conocí (en la ESO sí que se cambia de compañeros con frecuencia) tenían uno, y era realmente fascinante ver la cara de concentración de esos individuos cuando agarraban sus carboncillos y conferían sombras al azar a sus obras. Parecía que la labor requería del mismo esfuerzo que puede suponer transportar barras de plutonio. Vuelvo a repetir, aquí radica la clave. Los aduladores parten del sombreado por carboncillo para lamer el culo: “Ooooh, se ve tan real”, “Qué detallista eres”, “¡Qué bien dibujas tronco! ¿Me haces un Eddie de los Iron Maiden para ponerlo en la pared de mi habitación?”.

En la época del bachillerato, sólo llegué a conocer a uno. Una pena. Este tipo tenía ademanes de otaku, pero dibujaba personajes inventados. Tías. Tetas. Planos medios de bustos femeninos. Y ya. Eso sí, había evolucionado algo y sí que daba color a sus titis manga.

En los años universitarios la criba es más patente. El que vale para dibujar, vale, y se pira a hacer Bellas Artes a auto-enaltecerse, ya que allí hay dura competición y nadie reconoce el trabajo de nadie, salvo hipocresías y falsas modestia ocasionales que caen a poco como el granizo. Ah, y a currar un poco y a practicar las relaciones de figura-fondo con escenarios, que ya toca. Los profesores, debido a su naturaleza de fracasados y por el disgusto de ese triunfo que nunca llega, simplemente juzgan que hay que mejorar y punto. Los que no tienen el arte gráfico en vena pues se dedican a destacar en grupos más reducidos. Los universitarios van a lo suyo, y les importa una mierda lo que ocurra afuera de su grupo de salir los jueves, que suele ser el mismo para hacer trabajos en grupo en la carrera. Es una etapa de decadencia para la fama de los que dibujan bien. Sus oportunidades para hacerse notar son mínimas, y sus peticiones quedan reducidas a caricaturas y a hacer el típico “regalo hecho a mano” del amigo invisible.

He de confesar que alguna que otra vez yo casi llegué a ocupar el admirado puesto de tío que dibuja bien, pero no tenía iniciativa, ni motivación, ni ganas de practicar. Quedaba en segundo plano, los verdaderos individuos que dibujan bien siempre me hicieron sombra (claro, ellos tenían carboncillo, ¡pata-pán pisch!).

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Anexo: Quien quiera pensar que esta entrada es fruto de las semillas de la envidia que fueron germinando año tras año, está en su derecho de opinar así. Pero para quien quiera darme un voto de confianza aquí está la verdadera causa: La interfaz de Deviant Art me pone de mala ostia. Mira que habrá miles de diseñadores y programadores dignos por ahí sueltos, que levantas un diodo y te salen 20, y mira que la página es archi-famosa, pero hay que joderse que diseño y estructura más penosos e incómodos. Su interfaz es la mierda culera más horrenda que he visto en mi vida, y lo digo yo, que sé de la existencia de votamicuerpo, sexyono, Vandal, y he visitado páginas de descarga directa en ruso.

4 comentarios:

Illuminatus dijo...

De alguna forma, para mí, que para dibujar siempre tuve dos muñones y nulo sentido de la perspectiva (cosa extraña, porque mi orientación e imaginación espaciales son realmente buenas pero sólo tengo escasas capacidades desarrolladas para los apuntes con gráficos y esquemas), lo de traspasar las 3D a las 2D o simplemente hacer algo que tuviese formas definidas y reconocibles ejerció una cierta fascinación pero sólo hubo un chaval al que reconociese con este puesto/título que has marcado tú: un chaval que estuvo conmigo en los años de EGB y que era bastante legal, aunque temperamental.

Después del colegio, nunca hubo nadie que ocupara ese puesto en mi perspectiva mental y lo cierto es que nadie ha llenado esa posición.

key dijo...

Me encanta lo que escribes aquí y lo que estás escribiendo allí (donde Viru)

El que dibuja bien cae guay, pero el -único- que tenía ordenador y hace maravillas lo odiamos, hasta que nos regalara algo.

Yo me fijaba más en la chica que jugaba bien al fútbol. Además muy guapas, las dos que conocí. Al principio, en primaria era un enemigo al que no puedo dejar que me robe el balón o me regatee. Que vergüenza, aunque no se librara nadie. Luego a partir de quinto la admiración se ampliaba por cosas más hormónicas, sin ceder en las cualidades deportivas.

Anónimo dijo...

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AkaTsuko dijo...

Me alegra que no te aburras al leerme Key.

La pava que juega bien a los deportes (o que juega simplemente) es otro especimen digno de catálogo, aunque yo la ubico más en la acera marimachil de lesbianas camioneras marca M30, con sus Levi's.