miércoles, 15 de diciembre de 2010

Dime quién eres y te diré con quién andas

O el amiguismo como mecanismo de autodefensa.

Descubierto el temita de los convencionalismos, las generalidades y las falsas ideas preconcebidas durante la época bachiller (lo enseñan demasiado tarde me temo), uno debe ir unos cuantos pasos más allá. Apelar a la razón para empinar el hocico y poner a caer del papamóvil al pontífice, y sentirnos guay, vale, pero... ¿Para qué debatir sobre algo que está a kilómetros cuando a apenas unos metros pueden aplicarse con facilidad la breve objetividad aprendida con orgullo en las clases de filosfía/ética?

En el campo de las ciencias de la salud hasta cosas como el miedo o el vómito tienen su lado útil. Reacciones de autodefensa. El miedo pone en alerta y prepara al sujeto para que afronte lo que sea que le vaya a suceder. El vómito expulsa materia dañina para el sistema interno del cuerpo. Y en psicología han ido unos pasos más allá y han hablado de mujeres maltratadas que se sienten protegidas por el macho alfa violento.

Yo aplico estas dos conceptos a cosas como la amistad y el debate racional.

¿Se crean amistades con las personas afines que dan la razón (rápida y) alegremente? ¿Amigos como base de los cimientos de un airbag de porexpán que proteje al ego de las decepciones y los errores de las ideas preconcebidas? ¿Los filosofos y las mentes pensantes, esas figuras de admiración que han trascendido en el tiempo, convencen, o conducen sobre suelo ya asfaltado casi desde un principio? ¿Viajaron los genios hacia regiones lejos de sus lugares de origen para huir de problemas invitables, o para acercarse a los lugares donde el ambiente era más abierto (o predispuesto) a aceptar sus teorías?

"Ese piensa como yo y apenas me discute las cosas. Voy a ser su amigo". Esto no se produce intencionadamente. El instinto hace que las aves migren a climas cómodos en lugar de quedarse a resistir en uno más o menos duro. "Este videojuego me da a escoger tres niveles de dificultad: Fácil, normal, difícil. Voy a probar en fácil primero" Luego de pasárse el juego, el individuo obtiene la impresión de que le ha durado poco, ¿es más probable que se ponga a jugar de nuevo en el nivel más difícil o que vaya corriendo al forum a dejar constancia de su decepción?

Desde siempre, he tenido una fijación especial por los corrillos. Los grupetes de personas que reunidas en el recreo, en las salas de descanso de la residencia (o en las mesas a la hora de comer), en los pasillos de las unis, en las discotecas/bares/pubs/parques de botellón... Pero apelar a la inmadurez de las generaciones que nos van por delante sé que es algo muy relamido. Eso ya está hablado. Lo interesante es encontrar fijarse en donde se presupone cierto nivel de madurez y desarrollo intelectual.

A veces pienso en los micro-convencionalismos, el pensamiento racional sesgado a pequeña escala, sin caer en etiquetas o movimientos. Escoge dos grupos de personas, amistosas entre sí, que tienen encuentros de forma recurrente. Pueden ser chavales de clase media-alta acabando su ingenieria o su filosofía, o unos compañeros de editorial que celebran sus bodas de plata con sus mujeres.

En un claustro de profesores o maestros, en los pasillos de la Real Academia, en la cafetería del Pentágono, un club secreto de intelectos en Harvard o en una academia privada de la Europa renacentista. ¡El maestro influyente y su séquito de discípulos! Hay grupos de interés en todas partes, la división en departamentos o en corrientes de pensamiento se produce hasta en las más altas esferas.

Los debates en esos grupos establecidos... apenas tienen desarrollo. La situación más probable es la repetición del "cierto, cierto, eso que comentas" debido a la complicidad pre-establecida. Me pregunto si las corrientes teóricas crecen por afinidad o por logros de superación verdaderos.

Os invito a evaluar a vuestras amistades. Desconfiad de vuestros conocidos o familiares. ¿Podéis fiaros de su aprobación o de sus elogios? Quizá ya no dependa de evitar herir sentimientos, o de buscar beneficio a posteriori. Quizá tu amigo te da la razón por pura costumbre, en respuesta automática y gris, no se le pasa por la cabeza que estés equivocado o que estés acertado. Mecanismos de autodefensa que no controlamos a nivel consciente.

Pienso que el reto está en impresionar y en hacer mella en quienes a primera vista están en contra tuya, o que te caen mal. Es muy cómodo brindar con tu compañero de trabajo y cagarse en esos que no saben de lo que hablan cuando hablan de tí o de lo que haces. Pero ¿dónde está la satisfacción en eso? ¿Qué gracia tiene dar una conferencia sobre un postulado en un lugar donde estudian eso mismo por defecto? Luchar donde no se presenta batalla no tiene absolutamente nada de gracia. Cuidar las viejas amistades está bien, pero el desarrollo y la superación se estancan en la costumbre. La empatía y el compañerismo no son ayudan a superar obstáculos, son protésicos mentales.

Tu amiwito te da la razón. Pero no te la ganas.

2 comentarios:

Milgrom dijo...

Bravo!! Totalmente de acuerdo.

Illuminatus dijo...

Eso ocurre, claro, siempre que no tengas una colección de amigos que sean un nido de víboras. Es lo bueno de haber crecido y madurado en un entorno en el que la piedad y la conmiseración se consideraban debilidades.