lunes, 5 de septiembre de 2011

Advertrashing - Oreo vuelve a la carga (sexual)

Como dicen en los bajos fondos de los imageboards: Oreo always delivers.

Cada vez tengo menos complejo de absurdo, de gratuito. No son imaginaciones mías, ni "mirada sucia" (ya no me acuerdo quién cojones de humorista puso de moda esta expresión), ni mente enferma. Freud se equivocó de rama universitaria: Las facultades de publicidad y márketing se me presentan cada vez más como la masión de fetichistas esa de Saló o las 120 guarrerídas de Sodoma.

Los actores de este anuncio interpretan a un abuelo que está cuidando a su nieto. Es algo que se presupone, ya que no hay diálogos y no es explícito que haya relación sanguínea entre ellos. Pero sería demasiado irreal pensar en un viejo y un niño desconocidos, interactuando de esa forma en un lugar público. Al cámarero le faltaría tiempo para llamar a la policía anti-pederastia.

Sin palabras, entendemos que el abuelo y el nieto deciden enfrentarse en una competición de lo más peculiar. Quieren saber quién es el más rápido en comerse una galleta Oreo al modo clásico que ha ido promocionando la compañía a lo largo de toda su historia publicitaria: Eso de abrir una galleta y afilarse las papilas gustativas restregando una de las mitades contra la lengua, frotando como si se usara una piedra pómez.

Nótese en el anuncio original que el abuelo no para de echar miraditas hacia el niño...


Por qué, POR QÚE, ¿POR QUÉ SACAN SIEMPRE EN LOS ANUNCIOS A LOS NIÑOS JUNTO A ABUELETES CEBOLLETAS? ¿Dónde cojones se meten los padres o las madres? Todos deben de estar en paro, así que lo de la falta de tiempo para pasar con los hijos no vale como excusa. Primero Werther's, luego Casa Tarradellas y ahora estos de Nabisco. No sé a vosotros, pero dar lengüetazos a menos de 30 centímetros, cara a cara, no me transmite el cariño familiar que pueda existir entre un abuelo y su nieto.

Lo más grotesco es el plano final, encuadrado a mala hostia:

Como he señalado al principio, los dos energúmenos estaban compitiendo. Y claro, el que pierda, tendrá que pagar prenda. Pobre muchacho. El abuelo está tan excitado que se levanta y escu(m)pe todo el lefazo en el vaso. Con alegría, con meneíto. Ahora le toca al chico ser buen perdedor y beberse ese vaso de leche caducada (la tercera edad, ya son muchos años). Yuk. Se lo merece por llevar gorra, maldito niño Poochiebot.

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Por cierto, menuda mierda de Oreos Doble Crema. Esa cantidad de relleno debería ser la estándar para todas las galletas rellenas. Apenas hay diferencia entre las galletas esmirriadas a las que estamos acostumbrados.

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